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09/08/2009

ARTÍCULOS TÉCNICOS

El Conde de Sandwich

Artículo de 'ElDropBox'

 

La identificación del juego o de los distintos espacios de juego, con el glamour y un target de clase alta (también en el componente cultural), es cada vez más chirriante y desajustado. Parece que los casinos sólo tuvieran apostando en las mesas, a neurocirujanos amantes de la ópera o que en los salones de máquinas B, todos los clientes hubiesen pasado recientemente por Corporación Dermoestética, vistas las fotos que aparecen en sus carteles publicitarios.

Después resulta que lo que encontramos dentro es todo lo contrario: gente trabajadora que tiene poco tiempo para viajes, libros y exposiciones; personas que han encontrado en las diversas salas de juego (depende de sus gustos y capacidad de recuperación económica), una forma de pasar el tiempo y matar el gusanillo del juego. Es más, si tuviesen esas aficiones tan excelsas y exclusivas no se entiende qué hacen en la sala de juego.

Claro que tiene que haber neurocirujanos amantes de la ópera que se las ingenian para cenar en el Bulli o visitar a Aduritz, pero no se entiende que los valores del 0,1 por ciento de la población, los asuman los casinos y resto de salas de juego como los de la mayoría de sus clientes, asumiendo de esta manera, un posicionamientos estratégico completamente erróneo.

Uno de los capítulos que muy pocos resuelven de acuerdo a la realidad, que por cierto es muy contumaz y se encarga de recordarlo todos los días, son los diversos servicios de hostelería de los casinos y otros. Restaurantes con productos refinados en restaurantes tradicionales, donde comer lleva más de una hora, que suponen por otra parte, pérdidas de explotación cuantiosas.

El cliente es expulsado de la sala de juego, retenido en un comedor, muchas veces depresivo, y eso sí, invitado a lubina salvaje y vino de autor. Sin embargo, el cliente, que viene a pasar dos horas, lo que quiere es saciar el hambre sin alharacas y rapidito. Quiere un sándwich o un pepito, comida sabrosa para ayudar a combatir la ansiedad. Y lo quiere cuando él apetece, no cuando el restaurante de lujo ha decidido imponer sus horarios.

Se cuenta que el nombre de sándwich viene del nombre de su inventor, el  Conde de Sandwich, jugador habitual, unos dicen que de Ruleta otros que de Black Jack. Y que un una partida pidió algo de comer, que fuese rápido y cómodo, para no alejarse de la mesa de juego, ordenando un trozo de roastbeef con alguna salsa entre dos panes. Los camareros lo llamaron sándwich a la osada simplificación de las necesidades objetivas de su cliente.

La cocina snack, rápida y sabrosa, con cierto toque de distinción si se prefiere, al estilo Fast Good de Ferrán Adriá, abierta los siete días a todas horas, es la demanda de los clientes. Si además se le acompaña de cierto envoltorio de mercadotecnia, haciendo sobresalir los componentes más festivos de la cultura del ocio, los que los norteamericanos han dado en llamar el eat-entertainment, se habrá acertado en lo que consiste una asignatura obligatoria. Luego si hay tiempo, ganas y clientes (con dinero) que quieran lubina salvaje como condición sine qua non, también se puede abrir un restaurante de una mesa para obtener el Guinnes de los Récords.

Comentarios en kcerrato@gmail.com

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